La envidia...



Es uno de los pecados capitales. Y un tema delicado que me imagino muchos habréis sufrido...

Está mal eso de envidiar, y además es muy perjudicial para la salud, porque el envidiado normalmente lo es por guapo, listo o rico. Y desgraciadamente ninguna de esas cosas se pueden arrebatar por la fuerza salvo la riqueza, y no toda.

Nadie envidia a un feo, ni a un torpe. De la pobreza mejor ni hablar...

De todas las cosas envidiables, probablemente la más envidiada es el talento... Sin embargo, hay algo que el envidioso no entiende, y es que por mucho que se envidie, el talento es algo que no va a poder adquirir en un mundo en el que aprender ha dejado de ser una curiosidad para convertirse en una obligación y en el que ninguna obligación te fuerza a aprender.

Lo más sencillo pues es envidiar al rico, que irremisiblemente, tarde o temprano, te comprará, aduce el envidioso para justificarse...

Que sea ilógica la envidia, no es óbice, para que se siga practicando como deporte nacional por excelencia… 

Lo mejor que puedes hacer si te sienes “envidiado”, es sentirte orgulloso: en un país, en el que la mayor preocupación de la gente es ver que les pasa a unos desconocidos que hacen cosas estúpidas en directo y en televisión, ser envidiado, sinceramente, es un privilegio...


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